El otro lado de la maternidad

Psic. Andrea Negrete

Nadie (o casi nadie) duda de las bondades y las alegrías de la maternidad. Por supuesto, es lo máximo en este mundo, yo en verdad lo creo pues para mí ha sido un antes y un después; no solo eso, disfruto y agradezco cada minuto que tengo con mi pequeña pero también reconozco y le doy espacio a esa otra parte que nadie te platica pero existe. No hay manera de imaginar lo que se viene en términos de exigencia física, de problemas cotidianos, de duelos por todo lo que hemos perdido en el camino, incluida nuestra identidad y es que la sociedad nos orilla a siempre contar las anécdotas felices pues ¡ay de aquella que se queje! inmediatamente es tachada de malagradecida, de mala madre. Sin embargo, aun cuando queramos esconderlo debajo de la alfombra, hay muchas cosas que suceden, te comparto algunas con la esperanza de que sepas que no estás sola, ni eres mala madre:

  1. La lactancia es una tarea que, para algunas (o muchas), puede ser muy complicada y dolorosa; podrías incluso llorar y culparte por no hacer lo suficiente. Quizá incluso hasta quieras darle fórmula y salir corriendo. Podrías sentir que no disfrutas el momento por todo lo que implica, por la presión social, por la presión familiar. No te culpes, encuentra la manera que a ti te funcione.
  2. La falta de sueño te hace sentir acabada, triste o de malas. Todo pasa frente a tus ojos y a veces no sabes cómo sobrevives, no sabes si hiciste o no alguna cosa, si subías o bajabas, si comiste o no.
  3. Pierdes la memoria, o más bien, cosas relacionadas con tu bebé reemplazan aquellos recuerdos que eran “importantes”. Esto todavía no sé si regresa a la normalidad pues mi excelente memoria ya no guarda lo de antes. 
  4. También pierdes el cabello, a veces mucho. Un día pensé que tendría que usar peluca. Por suerte, no fue así, la caída terminó antes de necesitarla. 
  5. Tu atención se vuelve un caos. Basta decir que un día dejé la puerta de mi casa abierta y, por supuesto, no tengo el mínimo registro de ello pues estaba subiendo a mi pequeñita al coche. Afortunadamente, mi marido estaba en casa y se dio cuenta antes de que alguna de mis perritas se saliera.
  6. El tiempo se descontrola y no puedes hacer nada para organizarte como antes, siempre llegas tarde a todos lados porque algo inesperado pasa, como una explosión de popó un minuto antes de salir. 
  7. Extrañas el tiempo libre que tenías para perder. Después de tener hijos, te das cuenta de que tus horas ya no son tuyas; tu agenda gira alrededor de la hora de la siesta o de la comida del bebé y no hay nada que puedas hacer al respecto; y a veces tampoco quieres.
  8. Te conviertes en la persona más sensible del mundo. O al menos a mí me pasó. Hoy lloro con cualquier cosa que involucra bebés o niños. No importa si son cosas felices o tristes, la emoción me embarga igual.
  9. El cuerpo se modifica y no hay dieta que te alcance, ni ropa que te quede durante algunos meses. Sé amable contigo, tu cuerpo cocinó un bebecito, imaginate la exigencia que se requiere, los recursos que debe haber disponibles. ¡Es un milagro! En verdad te lo digo.
  10. Pero, también es cierto que todo vale la pena cuando escuchas: “Mamá, te amo” y sus pequeñas manitas tocan tu cara.

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