Los tuyos y los nuestros

Psic. Andrea Negrete

Un día encontraste una pareja a quién amar, alguien con quién compartir aventuras, recuerdos y proyectos; se casaron, decidieron formar una familia, pero tu pareja se había divorciado y tenía hijas/hijos con su ex, así que ahora compartes tu tiempo de pareja con gente “inesperada”.

Esta realidad es cada vez más común y encontrarse en medio de una situación como esta, no es algo para lo que haya preparación. Sobre todo, porque en nuestras expectativas de pareja o planes de familia, no estaban incluidas personas “externas”, y ni qué decir de sus agendas: cumpleaños, graduaciones, enfermedades y un largo etcétera. 

Hay muchas cosas que pasan por nuestra mente cuando estamos reacomodándonos en la vida de pareja, pero para cuando reflexionamos que compartir la agenda también es una de ellas, ya estamos en medio de esta situación y no sabemos si estamos dispuestas a sobrepasarlo, aceptarlo o trabajarlo. 

¿Cómo hacerlo? Hay muchas posibilidades y escenarios pero pensemos que los celos me corroen. ¿Por qué pasa tiempo con ellas/ellos? ¿Por qué debe convivir tanto con su ex? ¿Por qué tiene que hablarle tanto? ¿Por qué se mensajean? ¿Por qué tengo que adaptarme a sus agendas? ¿Por qué hablan tan tarde? ¿Por qué tiene que preguntarle cuándo podemos ir de vacaciones? ¡Odio esta situación! ¿Te suena? 

Bueno, es normal. Es normal que sientas inseguridad, enojo, decepción, celos, incertidumbre, pero la clave para sobrevivir a ello es la comunicación de pareja y el desarrollo individual.

Hay varias metas en una situación como esta, pero la más importante debería ser lograr que todos se lleven bien: tú, tu pareja, el/la ex y todos los hijos involucrados. ¿Por qué? Parece obvio, pero tal vez no lo es tanto: porque tu vida será más feliz, así como la de todos los involucrados. Y ¿quién no quiere la felicidad? 

Sin embargo, ya en la vida cotidiana, la aplicación puede no ser tan fácil (¿o sí?) pues hay muchas variantes a considerar; por ejemplo, mis emociones y heridas emocionales; la disposición, valores y compromiso de mi pareja; el contexto en el que se dio la separación entre ellos; su familia, la mía, la sociedad, entre otras muchas cosas. 

¿Y entonces? Si tienes claros tus objetivos, tus innegociables, las expectativas de una dinámica familiar sana y eres flexible a la incertidumbre, no habrá quien te pare. Empieza haciéndote algunas preguntas y cuando tengas las respuestas, trabajen tu pareja y tú en un plan funcional para todos: 

  1. ¿Qué es lo más importante para mí en esta situación?
  2. ¿Y para mi pareja?
  3. ¿Qué es lo que me molesta más hasta ahora?
  4. ¿Cómo pienso que debería arreglarse? ¿Es realista?
  5. ¿Qué puedo hacer yo para abonar a una situación favorable?
  6. ¿Qué estamos dispuestos a hacer para lograrlo?

Estar en pareja se trata de comprometerse, de amar, de confiar, de ser libres. Se trata de disfrutar, de dar sin pedir cuentas de regreso, sin juzgar, sin enjaular, sin esclavizar, sin establecer expectativas inalcanzables. Se trata de ambos estar en comunión, y ser responsables y honestos consigo mismos y con el otro.

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