25 Jul Despedir a una mascota duele en el alma
Una tarde de 2014, como todas las tardes desde hacía un par de meses atrás, salí a pasear con Romi, la perrita que terminé por adoptar un día de septiembre que llegó a mi casa malherida. Antes de ese día, Romi solía merodear por los alrededores de la zona en compañía de otro perro, a quien llamé: Benito y que seguí alimentando y tratando de colocar, hasta esa tarde.
Cuando Romi y yo salimos a pasear, Benito decidió acompañarnos; él caminaba rápido, se adelantaba a olfatear un jardín y regresaba junto a nosotras; ya estaba oscureciendo y empezaba a chispear; de pronto, se bajó de la banqueta y en cuestión de segundos, la imprudencia o indiferencia de un conductor le quitó la vida. Rápidamente recogí su cuerpo y lo llevé corriendo al veterinario solo para que me confirmara que ya se había ido. Esa muerte, me dolió tan profundamente como la de todas mis mascotas a lo largo de mi vida.
Cuando pensamos en la muerte, comúnmente imaginamos la partida de un familiar o un amigo; incluso, podemos dolernos por la despedida de un personaje público pero pocas veces nos detenemos a pensar en que perder a una mascota, cualquiera que sea la circunstancia, duele en la misma proporción que si fuera un familiar directo; con la diferencia de que en este caso no logramos resolver la pérdida correctamente pues no existen, ni están reconocidos, los rituales sociales que nos permitan enfrentar este momento de manera apropiada. En otras palabras, afirma Doka (2008), dicha pérdida no es importante ya que no se legitima el profundo vínculo entre la persona y su mascota, y se considera a ésta como reemplazable. Craso error.
Perder a una mascota es doloroso. Duele porque la extrañamos cada día; porque nos sentimos culpables y totalmente responsables por su vida; porque desearíamos haber hecho algo diferente mientras estuvo con nosotros. Duele, porque la sociedad nos obliga a comportarnos como si fuera normal o debiéramos pasar la página al día siguiente. Ahoga porque no hay una sola palabra que pueda ayudarnos a superar este dolor; porque no nos es permitido llorar su muerte o hablar del tema lo suficiente. Y, además, como afirma Ramos (s.f.), vemos a nuestras mascotas como indefensas, lo que llevaría a una relación parecida a la de un progenitor con su bebé.
Así que, ¿cómo superar esta pérdida? Como en todas las pérdidas, cada caso es distinto. No hay una receta mágica. No hay palabras apropiadas, solo hay tareas que debemos enfrentar para que esa pérdida se sienta un poco menos cada día.
Worden (1991) explica que el proceso de duelo se compone de cuatro tareas, que son: (a) aceptar la realidad de la pérdida, (b) trabajar las emociones y el dolor de la pérdida, (c) adaptarse a un entorno en el que el fallecido ya no está, y (d) recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo.
Sin duda, este proceso es único y personal, y ponerle fecha de caducidad es condicionarnos a metas poco realistas que solo dificultarían nuestro progreso. En este sentido, lo ideal para sobrepasar estas tareas es ir a nuestro paso, ser pacientes con nuestras emociones; reconocerlas, vivirlas y dejarlas fluir tal y como se presentan, sin juzgar si son apropiadas o si ya pasó mucho tiempo; sin escuchar a nadie más que a mi propio cuerpo. Además, de ser necesario, consideremos pedir ayuda a nuestra red de apoyo para lograr la aceptación y la transformación de nuestra nueva realidad.
El duelo es un proceso en el que debemos descubrir cómo aprender a vivir sin la persona o, en este caso, la mascota que nos acompañaba, que en muchos casos, se convirtió en una parte de nosotros; es aprender a descubrir nuevamente nuestra identidad a través de esta tristeza para darle un nuevo significado a nuestra vida sin nuestro ser querido.
B. Murillo escribe que el sentir y el llorar es lo que nos hará sanar. Llora, las lágrimas son el bálsamo que acaricia el alma. Llora porque tu transformación duele. Su ausencia duele. Tu llanto se convertirá de nuevo en sonrisa.
Referencias
Doka, K. J. (2008). Disenfranchised grief in historical and cultural perspective. In M. S. Stroebe, R. O. Hansson, H. Schut, & W. Stroebe (Eds.), Handbook of bereavement research and practice: Advances in theory and intervention (pp. 223–240). Washington, DC: American Psychological Association
Murillo, B. (2017) No llores más. Recuperado, de: https://www.facebook.com/instituintegral/photos/a.1722698758029220.1073741828.1721189541513475/1813930222239406/?type=3&theater
Ramos, A. (s.f.) Duelo por mascotas: cuando nuestro leal amigo se marcha. Recuperado, de: https://psicologiaymente.net/psicologia/duelo-mascotas-amigo-se-marcha
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