Duelo por enfermedad

El duelo, es un proceso de adaptación a la pérdida, esto ocurre en cualquier ámbito de la vida, ya sea la pérdida de empleo, la muerte, una separación o divorcio, la jubilación, entre otras situaciones.

En el caso de la enfermedad, también se viven muchas pérdidas, tanto para el propio enfermo como para su círculo cercano. Todo lo que perdemos como consecuencia de la enfermedad, sea la capacidad de movimiento, la agilidad, la visión o cualquier aspecto de la salud, provoca un desequilibrio emocional al que cada persona se enfrenta de una manera única. Es frecuente quedarse solo en la raíz del problema y ​​pensar que la única consecuencia para el paciente será la pérdida de salud per se, sin embargo, hay otros daños colaterales que al pasar desapercibidos, suelen complicar aún más la situación. A la enfermedad y dependiendo de su gravedad, se irán añadiendo pérdidas en la vida social, en la vida laboral, e incluso en la propia identidad; eso conlleva sentimientos complejos como el de soledad, de incomprensión, de incapacidad, de inseguridad, de baja autoestima … Y, al igual que la salud física, estos sentimiento deberían de ser atendidos de la misma manera.

Las personas que sufren una enfermedad deben adaptarse a una nueva condición que no tenían planeada. Por este motivo, es vital trabajar el duelo que supone. Cuando un diagnóstico entra a formar parte de la nueva realidad surgen un montón de emociones y se debe de entender que no todo el mundo las vive igual, se trata de un proceso muy personal; habrá quienes requieran espacio pero los más, pueden necesitar cercanía. Acompañar y ser empáticos con la persona que sufre una enfermedad, puede hacer una diferencia importante; de igual manera se tiene que recorrer un arduo camino de autoconocimiento pero la adaptación es mucho más amable y le permite a la persona enferma adquirir las herramientas necesarias para aprender a vivir bien con su nueva situación.

Aceptar la enfermedad supone transitar por una serie de etapas que van generalmente desde la negación de la realidad, «no puede ser», pasando por un torbellino de emociones como la rabia, «por qué a mí», el miedo , «cómo será mi vida ahora», la tristeza, «ya no será como antes», hasta llegar a la aceptación. Quienes logran sobrepasar estas etapas asumen su realidad y toman la responsabilidad en sus manos para realizar cambios y adaptar sus proyectos e ilusiones a la que es su vida actual.

Una enfermedad no debería de pasarse en soledad; el acompañamiento de gente cercana y también la guía profesional, son recursos que pueden, incluso, salvar una vida.

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1 Comment
  • Fabiola Robles Herrera
    Posted at 21:44h, 04 noviembre Responder

    Andy! Yo no estoy enferma, pero mi madre si, postrada totalmente en cama y es un duelo!! Excelente post!!

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